Lo conseguí: ¡Ya soy Medio-Ironman!

Publicado: 18/10/2012 en -MISCELÁNEA-, Competiciones_Triatlon, PERSONAL, RETOS

El título resume mi estado en estos momentos: ¡he superado mi gran reto, terminar un Medio Ironman! 😀

Lo veía factible cuando hace cuatro meses hablé con Jose y le planteé cual era mi reto. “Sin problemas” me dijo, pero tendría que entrenar 6 días a la semana. Eso me asustaba, pero como tenía por delante el verano, acababa de terminar mi segundo Triatlon Sprint y estaba motivadísimo, creía que podría pasarlo.

Aun así tardé más de un mes en apuntarme a la prueba.  Y en eso también tengo que agradecerle al Presi de los Camaleones el ánimo que me dio y el último empujón que necesitaba. Estuvimos buscando incluso un Triatlon Olímpico que pudiese hacer, para que el salto de distancia no fuese tan grande. Cuando ya estaba resignado y pensaba que la siguiente prueba sería ya el TriSur, las casualidades del destino me pusieron delante el TriWhite de Carboneras que ya narré hace semanas.

Para rematar la preparación, mis últimas semanas de entrenamiento no han sido exactamente como deberían haber sido. Sólo una vez rocé los 90 kms. en bici, prácticamente no entrené más transiciones y me empezaba a asustar todo lo que había descuidado la parte inicial de gimnasio que creo que necesitaba bastante. Aderezado con una boda la semana anterior, y su consiguiente desfase (no podía ser menos, verdad Boli ;-)), las cervezas no abandonaron mi día a día y la fecha de la prueba se acercaba cual examen que sabes que tienes desde hace meses, pero que pareces no percatarte de su cercanía hasta que ya sólo quedan horas.

Con todo el día 12 fue perfecto al ser fiesta y no tener que trabajar. Salida nocturna moderada el jueves (lo de moderada es más por convencerme que por su intensidad) y viernes completo de descanso, hielo en la rodilla y por la tarde-noche a recoger el dorsal, asistir al briefing, preparar las cosas para la prueba, cenar, dormilón y a dormir.

A la mañana siguiente me sorprendía lo tranquilo que estaba. Quería estar ya en el agua y con la prueba por delante, pero tenía tan claro lo que necesitaba en cada segmento, el material testado, guardado y preparado; y visualizaba con claridad cada paso de cada transición que no me entraban nervios. Sabía que nada se me olvidaría y que una vez llegase la hora sólo me quedaba no parar.

Ahorro todo el rollo desde que me levanté hasta que ya, con el neopreno puesto, estábamos todos en la cámara de llamada (es el lugar de entrada al agua donde todo el mundo se agrupa para que los jueces permitan la entrada de cara a dar la salida).

NATACIÓN:

La entrada al agua y el pitido de salida fueron muy seguidos, lo que vino bien para no estar demasiado tiempo flotando o aguantando a gente peleando por la posición.

Me gusta salir desde atrás, para evitar a la gente y poder nadar tranquilo a mi ritmo. Lo que más quería destacar es que era la segunda vez que nado con neopreno, y no era consciente de lo que se flota con él. Primeras brazadas buscando el lado izquierdo y un hueco que evitase chocarme con el resto de triatletas.

Al principio veía muy bien y tenía una de las esquinas de La Barqueta como objetivo para no desviarme. Al poco mi primer problema: no había “chupado” las gafas y empezaron a empañarse. No veía un pimiento y empecé a dar bandazos chocando con más de uno y perdiendo el rumbo. Me puse a nadar con pies waterpolo, me quité las gafas, las chupé y me las puse rápido como pude. Eso ya era otra cosa. Veía perfectamente y no se me volvieron a empañar el resto del segmento.

Las curvas las di bastante bien. Había unos metros de corchera antes de llegar a la boya, así que me pequé a ellas buscando la boya. De la charla del día anterior sabía que la siguiente boya estaba unida a la primera por corcheras. Me volví a pegar y respirando por la izquierda fui como en una piscina.

La vuelta bastante bien. Con el Alamillo como objetivo daba las brazadas bastante bien y sin tocarme casi con nadie. Al girar la última boya y enfilar la salida me di cuenta de que no era mal momento para orinar y así ir tranquilo en la bici. Dejé de dar piernas y apenas braceaba, pero no salía. Tras un ratillo de incertidumbre así, decidí que no pasaba nada y que ya habría otra ocasión. Volví a nadar y a dirigirme a la salida.

Cuando pasé por el arco marcaba 34 minutos y algo y me alegraba darme cuenta de que había mucha gente detrás, así que no lo había hecho tan mal.

Al trote hasta la zona de cambio mientras me quitaba la parte de arriba del neopreno. Al llegar a mi sitio me siento tranquilamente a quitármelo entero y ponerme el cullotte, el maillot, los calcetines y las zapatillas. Cuando salía, me di cuenta que no me había quitado el gorro, así que pasos para atrás y a soltarlo.

CICLISMO

Me dirijo a la bici, me pongo el casco, el dorsal, saco la bici y al trote hasta la zona de salida. Me monto donde marcan los jueces, y a empezar a pedalear. La salida bien, llegamos a la rotonda del Alamillo, subimos el puente y cogemos la recta de la SE-30. Ahí comienza lo que sabía que me iba a suceder: empieza a pasarme gente. No quería contarlos ni me importaba, pero seguro que sólo en esa recta me pasaron entre 5 y 10 ciclistas.  De hecho eso fue una tónica durante los primeros kilómetros.

La carretera la conozco bien al ser donde entreno, por lo que me conozco los repechos, donde apretar y donde dejarme llevar. En algunos repechos cogía a alguno que iba delante, pero al rato me volvían a pasar.

Al salir de Las Pajanosas empieza a picar hacia arriba la carretera y progresivamente voy adelantando corredores. En las bajadas algunos me volvían a coger, pero al subir me volvía a escapar. Llegar a la rotonda previa a bajar la Media Fanega implicaba que había superado el primero de las tres ascensiones que había que superar. Me sigue pasando gente y empieza la bajada de 3 kilómetros. Justo al empezar me pasa como una flecha Parrado y desde la lejanía me sirve para bajar sin frenar y dar las curvas lo mejor posible.

Tras esa bajada larga se empieza inmediatamente la subida de las baterías, más corta pero más dura. Paso a Parrado y a algunos de los que me pasaron bajando. Termina lo difícil de la ascensión, pero sigue un falso llano hasta el Ronquillo. No me importa que vayan pasando más corredores y pienso en guardar fuerzas para la Media Fanega. Desde el Ronquillo hasta empezar la ascensión es casi todo cuesta abajo, así que a recuperar energía, comer un poco y preparar los geles para la ascensión.

Empiezo a subir y no me puedo sentir mejor. Cojo un buen ritmo, guardando algún piñón como me gusta, y con la mirada fija abajo sigo ascendiendo con solvencia, pasando de nuevo a más corredores. Tras unos 13 minutos de subida consigo coronar y siento que lo duro ha pasado.

Desde ahí un buen rato de vuelta, cada vez más contento porque sabía que había superado lo peor. Durante todo ese tiempo intento ver donde pararme a orinar, pues llevaba todo el tiempo con ganas. Al final lo hago cuando quedaban 20 minutos. Me paro y me desahogo.  No paran de pasarme corredores y me es indiferente porque quiero guardar las piernas y no cargarme para los 21 kilómetros a pie que me esperaban.

Nunca se me olvidarán esos kilómetros de vuelta: cielo azul radiante y soleado por la carretera por donde suelo entrenar, con la satisfacción de haber pasado lo que creía más duro y disfrutando haciendo deporte y superándome a mí mismo.

Con todo llego a Sevilla tranquilo, dejo que me sigan pasando ciclistas en los últimos kilómetros y llego tranquilo a la última transición.

CARRERA A PIE

De nuevo transición tranquila (en cada una tardé unos 5 minutos): me quito las zapatillas, el culotte, el maillot e incluso los calcetines. Mono, calcetines secos, zapatillas, radio salil para las rodillas y con la gorra en la mano a empezar a correr.

Los primeros kilómetros muy bien, con un trote que no me subía mucho las pulsaciones ni me tiraba en las rodillas. Paseo por La Cartuja a mi ritmo, pasando por mi oficina, por donde comía, donde trabajaba y donde salgo a correr. En el kilómetro 5 no quedaba agua. Luego al cruzar Barqueta confiaba beber agua, pero ni en ese kilómetro 10 había, así que un bucho de coca-cola, y camino de la Torre del Oro.

Tampoco había agua (el gran error de la organización) en la Torre del Oro, pero menos mal que Nati en bici me dio un poco de agua. Al volver a pasar por Barqueta ya habían repuesto el agua, así que pude volver a hidratarme y seguir. El siguiente tramo fue el más duro, porque quedaban aun unos cuantos kilómetros y sabía que tenía que pasar por un sitio que desconocía, para llegar al Alamillo. No llevaba un mal trote, pero empezaba a notar que llevaba casi 6 horas de ejercicio. Aquella zona era la más solitaria, pero me vino bien para concentrarme en seguir atento a las pulsaciones, mis sensaciones y lo poco que quedaba para cumplir mi reto.

Así en el último avituallamiento pude coger un bidón de agua y beber bien antes de llegar. Últimos metros por el Alamillo, y al enfilar la recta de meta aumento el ritmo ya sin mirar pulsaciones. Aprieto aprieto y entro dándolo todo y con la satisfacción de que ¡lo había logrado!

Tenía las piernas cargadísimas y no podía sentarme bien, así que seguí caminando emocionado por lo logrado. Lo había conseguido, había cumplido mi reto y era FINISHER EN UN MEDIO IRONMAN. Algo que ya nadie me puede quitar y me sirve para seguir creciendo.

Gracias por haber leído hasta aquí, espero no haber aburrido bastante y que mi experiencia le sirva de algo a alguien, o de acicate para mis amigos.

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comentarios
  1. Vaya crack tio!! Me alegro muchísimo!!
    Este domingo yo quiero ir al triatlón de El Puerto de Santa María, aunque a la prueba Super Sprint…para ver cómo respondo y tal ya que no he podido entrenar últimamente (y esta semana me he apuntado a la piscina y me puse malo antes de empezar 😦 ).

    Una vez que haga este tri sin equipamiento en condiciones, ya te pediré consejo “real” para adquirir equipamiento en condiciones de los que tengo dudas jejej.

    Ya te contaré!!
    Un bratzo!!

  2. Jesus dice:

    Enhorabuena! Por terminar y por disfrutar, como lo hiciste. La verdad es que fue un gusto hacer una prueba así por paisajes que nos son tan cotidianos.
    Muy bueno eso de irse a hacer la bici con el gorro de nadar… yo una vez en un acuetlón, la Juez me detuvo cuando estaba a punto de saltar al agua con las gafas de sol.

    Me gusta mucho el Blog por cierto, lo acabo de descubrir

  3. Ensa Sport dice:

    Queremos informaros sobre el la I Edición del Curso de Experto en Fuerza para Triatlón que desde Ensa Sport hemos desarrollado junto a la Federación Andaluza de Triatlón y que esperamos tenga gran acogida entre aficionados y profesionales del mundo del Triatlón.

    En el primer módulo que tendrá lugar el próximo 22 de noviembre, nos centraremos en todo lo relevante a la carrera, desde patrones motores disfuncionales y mecanismos lesivos al tipo de entrenamiento de fuerza que mejora el rendimiento en esta parte de la competición. Veremos las referencias que hace la literatura científica y como aplicarlas a nuestros triatletas o a nosotros mismos.

    Más información: http://ensasportsevilla.blogspot.com.es/2014/10/curso-de-experto-en-fuerza-para-triatlon.html

  4. Sergio dice:

    Felicidades y gracias por contar tu experiencia. Es una motivación extra para aquellos que nos marcamos objetivos como el tuyo.

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